Sentados…
uno al lado del otro,
deseos de fondeu,
dos copas de vino.
Nuestros invitados estaban demorados;
pensamos por un instante,
que el frío podría haber cambiado su parecer;
podría haber entumecido sus deseos,
sus ganas de compartir una cena así planeada.
Organizada la tabla,
las salsas;
el fondue rugió
señalando su intención.
Servidas las copas, el brindis no tardo en llegar,
cual motivo sin mas que un destino no buscado;
el simple placer de estar allí; en tal lugar.
Tropezando por la puerta, “la charla” hizo su lugar,
casi sin querer, dando saltitos
fue esquivando los desniveles;
y presento a su acompañante, “el momento”;
si; su viejo amigo casi inseparable.
En la infancia, parecía que era cuestión de quererlos,
desearlos,ya sea al uno o al otro para que se presentasen;
mas luego, nos dimos cuenta que con ello no alcanzaba,
dependía de estar conectados,
tener esa química única,
ese deseo de ser y aceptar,
la simpleza de quererse puramente,
sin escondrijos…
Diría un conocido autor,
entregarse a un claro desengaño,
eso es amor;solo el tiempo nos dirá,
cual de todos en su clase,será el quinto invitado;
el que permanece,
el incondicional,
el amigo y compañero,
el leal y fiel,
el que busca crecer,
el que busca desarrollar y guiar,
el que aprende,
el individual,
el que perdona,
el apasionado,
el humilde,
el esperanzado,
el que proyecta,
el sincero;
o….. aquel, el que se combina,
y nace cada día cuando elegimos a esa persona,
a ese hombre o mujer (compañera/o);
y…no sabemos el motivo, pero lo sentimos, casi sin querer..